Comunicado de prensa 049/2008

SINCRETISMO RELIGIOSO, DETERMINANTE EN EL ADOCTRINAMIENTO DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

Investigadores del El Colegio Mexiquense, A. C. participaron en el Coloquio de Investigación 2008.

Toluca, Estado de México, 16 de diciembre de 2008.

El culto al Arcángel San Miguel y a Santa Elena fusionaron elementos prehispánicos que se aprecian fácilmente en las fechas significativas para la agricultura y en las imágenes religiosas de la época, que integran imágenes de animales y símbolos que también aparecen en algunos códices.

Estas fueron algunas de las conclusiones del Coloquio de Investigación 2008, organizado por el Seminario Académico Historia de México e Historia del Estado de México de El Colegio Mexiquense, A. C., en el que se destacó que la imposición de una nueva religión por parte de los misioneros católicos, sin duda alguna causó desconcierto entre los indígenas, acostumbrados a ritos religiosos ligados al calendario agrícola, a la temporada de lluvias y a acontecimientos naturales determinantes de las cosechas.

La historiadora María Teresa Jarquín Ortega explicó que la festividad de San Miguel Arcángel, como símbolo de identidad y cohesión social en las comunidades indígenas de la parte occidental del Estado de México, es la más recurrente, pues en la actualidad se registra en 63 municipios y se celebra en 41 localidades. Envuelta en un proceso complejo de ideologización, la religiosidad prehispánica aceptó formalmente los símbolos de la religión dominante, pero en un nivel más profundo, se mantuvo apegada a los cultos tradicionales durante la etapa de destrucción y la sustitución.

En este contexto, la presencia y el culto a San Miguel en la cosmovisión campesina adquirió una importancia fundamental, pues en este Arcángel los naturales vieron una nueva advocación de Tláloc, ya que la espada representa al trueno de la deidad prehispánica. "Después de la conquista, pareciera que Tláloc heredara y transmitiera al arcángel sus poderes, ya que ambos manifiestan su poder sobre las lluvias del cielo y las aguas de la tierra, que es una característica fundamental que los liga al ciclo agrícola (siembra y cosecha)".

Por su parte, el doctor Xavier Noguez Ramírez, comentó algunas características de la pintura de Santa Elena que se encuentra en el ex convento franciscano de Metepec. La imagen de esta santa se repite en otros edificios coloniales como los ex conventos de Zinacantepec y Malinalco, lo que da cuenta de la importancia que tuvo.

En el caso de Metepec, en la pintura se advierten elementos de claro estilo gráfico prehispánico, como una codorniz parada sobre el fuego que emana de la tierra, y que en el pensamiento original de los grupos se asocia con la energía de los volcanes, es decir el fuego que hace que los elotes se hagan dulces al estar sembrados, pero no es el fuego que viene del sol, que es el que los endurece para que se almacenen tras la cosecha.

En innumerosos ejemplos, los artistas retomaron elementos gráficos que pasaron inadvertidos para los conquistadores católicos, pero si se analiza el contexto en el que se encuentran se puede concluir que fueron introducidos en forma deliberada como una de las pocas formas para transmitir y preservar el pensamiento prehispánico original.

El investigador Raymundo Martínez García aludió a la etimología y simbolismo del nombre náhuatl del Nevado de Toluca que desde tiempos muy remotos ha tenido un papel indiscutible en la construcción del paisaje. "En el periodo prehispánico esta montaña fue objeto de veneración por ser un espacio sagrado donde tuvieron lugar múltiples rituales; también se le consideró personificación de una deidad, como se aprecia en algunos códices y en su nombre".

El nombre antiguo del volcán en lengua náhuatl es Chicnauhtecatl o "el habitante de los nueve" como lo registraron con pequeñas variantes fuentes históricas del siglo XVI como la Historia Tolteca Chichimeca, la Relación de Temazcaltepec y el Códice Xólotl, y podría ser una advocación del dios Tláloc.

Las noticias coloniales acerca de cultos realizados en la cima del Nevado de Toluca y los hallazgos del proyecto arqueológico de investigación del Instituto Nacional de Antropología e Historia en el año 2007 apoyan esta propuesta, pues en las lagunas del volcán se han recuperado materiales rituales como copal, puntas de maguey y cetros serpentinos, que son una de las insignias inequívocas de este dios. Además, se sabe que las ceremonias continuaron con variantes sincréticas en el periodo colonial y hasta hace pocas décadas, si bien de formas distintas, todavía con el sentido de propiciar lluvia, fertilidad y controlar el temporal.