Comunicado de prensa 042/2008

LA PREVALENCIA DE DERECHOS CIUDADANOS, FACTOR FUNDAMENTAL DE LAS DEMOCRACIAS DE CALIDAD

Investigadores de El Colegio Mexiquense, A. C, participaron en el Cuarto Simposium sobre Historia, Sociedad y Cultura de México y América Latina.

Toluca, Estado de México, 14 de octubre de 2008.

Las democracias de América Latina no están exentas de una crisis de expectativas, porque deben responder a las ideas y percepciones que tiene la gente sobre la forma de gobernar; ante ello es conveniente que los valores de la democracia puedan medirse con indicadores que permitan observar la percepción que tiene la gente, el grado de aceptación o rechazo hacia un sistema de gobierno, o bien en qué proporción se asimila la cultura democrática.

Al participar en el Cuarto Simposium sobre Historia, Sociedad y Cultura de México y América Latina, el doctor Edgar Hernández Muñoz, presidente de El Colegio Mexiquense, A. C. advirtió que el valor de la eficacia en la democracia es preocupante en la región, pues instrumentos como el Latino barómetro del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, muestran que una importante cantidad de ciudadanos latinoamericanos preferiría vivir bajo un régimen eficaz aunque no fuese democrático.

Al respecto, dijo que la virtud de lograr resultados podría estar por encima de la obligación del poder público de respetar las libertades y los derechos políticos fundamentales.

Al participar en la mesa de trabajo "Democracia y buen gobierno en México y en América Latina, acompañado de investigadores de esta institución, Hernández Muñoz expresó que la capacidad que hoy tenemos de establecer parámetros, clasificaciones, evaluaciones sobre la calidad y la eficacia de la democracia nos llevan a entender que la democracia –entendida como un problema- nos remite a reglas y resultados que es necesario precisar.

Entre los indicadores más recurrentes para evaluar la democracia están la limpieza y regularidad con la que se celebran elecciones; la regularidad democrática en tiempos electorales, cuyos resultados deben ser creíbles y satisfactorios, la vigencia de libertades civiles, los derechos políticos que garantiza el Estado de Derecho y la rendición de cuentas.

Al referirse a la calidad de la democracia en Latinoamérica, el doctor Jesús Tovar Mendoza, quien también coordina la Red de Investigadores de la Calidad de la Democracia en América Latina, precisó que para que un país sea calificado mínimamente como democrático debe tener tres características: la participación política, que haya elecciones competitivas y más de un partido con posibilidades de ganar, así como garantizar un marco suficiente de libertades individuales, civiles y políticas.

Mencionó que algunos países del mundo no cumplen estos tres criterios y cuentan con regímenes que algunos expertos del tema como Leonardo Morlino denominan regímenes híbridos o, según otros, semidemocracias.

Detalló que aunque Cuba es el único país de América al que no se le puede considerar una democracia, otros como Venezuela están en esta modalidad, en tanto que, según algunas mediciones internacionales, las democracias mejor posicionadas son las de Chile, Costa Rica y Uruguay; las naciones con sistemas democráticos de calidad intermedia son Panamá, Argentina, México y Brasil, en tanto que se consideran de calidad intermedia baja República Dominicana, Perú, El Salvador y Honduras, y los de calidad democrática baja son Colombia, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Guatemala y Venezuela.

Durante esta mesa, Jorge Galileo Castillo Vaquera, explicó que la participación ciudadana, en cualquiera de sus formas, es un elemento fundamental de cualquier sistema democrático, y por tanto éste debe asegurar o al menos facilitar la conexión entre las preferencias de los ciudadanos y las decisiones que se toman, ya que de esta relación se desprende el concepto de legitimación política. En la medida en que los intereses de los ciudadanos se ven reflejados en el actuar de sus representantes, éstos ganan legitimidad, puntualizó.

Por último, el doctor Daniel Gutiérrez Martínez definió que la ciudadanía, como concepto y proceso político, es una construcción social de un tiempo, de una época y de grupos particulares, por lo que no puede considerarse como un concepto universal. Como proceso de construcción de identidad, la ciudadanía es también una herramienta política de la gestión de la diversidad cultural.

Otros tipos de ciudadanía son la formal, que es la capacidad jurídica de ejercer ciertos derechos fundamentales como el voto; la ciudadanía sociocultural consiste en compartir valores morales, visiones de una sociedad y participar activamente en la realización de estos valores compartidos. La conjunción de estas dos modalidades de ciudadanía conllevan al ejercicio de un buen gobierno en términos de gobernabilidad.