Comunicado de prensa 038/2008

ANTES QUE EN LOS PROGRAMAS OFICIALES, LA CULTURA EDUCATIVA SE DA EN LAS AULAS

Con la conferencia de la doctora Elsie Rockwell iniciaron las actividades del diplomado "Historia de la educación en México, siglos XIX y XX de El Colegio Mexiquense, A. C.

Toluca, Estado de México, 9 de septiembre de 2008.

comunicado2038-2008Por la tremenda urgencia que enfrentamos en política educativa, es necesario entender la historia de la educación, no como un lujo marginal de quienes están interesados en los datos de archivos, sino porque es algo que nos debe abrir otras perspectivas para el futuro, dijo la investigadora Elsie Rockwell al dictar la conferencia "Metáforas para encontrar historias inesperadas".

Durante la inauguración del diplomado "Historia de la Educación en México siglos XIX y XX", del Colegio Mexiquense, A. C, la doctora Rockwell mencionó que aunque autoridades como la SEP son las que dictan las directrices de la política educativa y los programas oficiales de trabajo, la verdadera cultura educativa se da dentro de las aulas, donde maestros, estudiantes y padres de familia confluyen y recurren a todo tipo de recursos, conocimientos y saberes en la actividad diaria, y de la misma manera los efectos de la escolaridad penetran en la comunidad.

En este acto, el coordinador de Investigación de El Colegio Mexiquense, Felipe González Ortiz, entregó un reconocimiento a la doctora Elvia Montes de Oca, quien en esta institución académica coordinó durante siete años el programa educativo de la Maestría de Ciencias Sociales con Especialidad en Desarrollo Municipal e impulsó las dos primeras promociones del diplomado "Historia de la Educación en México", para alentar a los investigadores en torno al estudio y conocimiento del tema.

En su disertación, la doctora Elsie Rockwell explicó que en México muchas escuelas rurales fueron construidas por las comunidades y originalmente eran espacios abiertas a éstas, pero la posterior construcción de bardas y cercos perimetrales fue una de las formas en las que el Estado, a través de la Secretaría de Educación Pública y los inspectores escolares, tomaron el control de los espacios escolares.

"Aunque el discurso oficial de los años veinte del siglo pasado proclamaba la apertura de la escuela hacia la comunidad, en términos reales se dio todo un proceso contradictorio que separó a la escuela rural mexicana de la comunidad, pues se verificaron complicadas pugnas, desde ver quiénes guardaban las llaves de cada plantel, si era alguien de la localidad o algún inspector escolar, hasta las disposiciones oficiales que regularon su funcionamiento".

Acompañada por el coordinador de Maestría de El Colegio Mexiquense, A. C., Carlos Escalante Fernández, la doctora Rockwell mencionó que los elementos materiales de cada escuela, desde la forma en que está construida, la tecnología con que cuenta, su equipamiento e incluso el archivo bibliográfico constituyen los mejores elementos para identificar la forma en que la cultura escolar y los sistemas de enseñanza han evolucionado con el tiempo.

Citó como ejemplo que durante las décadas de 1920 y 1930, los libros de texto utilizados en México, como los de Torres Quintero propusieron sistemas totalmente diferentes para aprender a leer y a escribir, y otros volúmenes, como "Simiente", tenían contenidos específicos como su "Himno al Agrarista", que correspondía a la realidad rural de nuestro país.

Aunque estos libros -que hoy son difíciles de encontrar en varios estados del país- por sí mismos no determinan la cultura escolar de una época determinada, debido a que cada profesor asume una forma propia de enseñanza, sí nos ayudan a entender el tipo de conocimiento que los niños recibían.

A ello se suman elementos igualmente valiosos pero también raros de encontrar, como son los cuadernos en los que los niños aprendían el alfabeto y practicaban la escritura manuscrita que después, en los años 70, fue erradicada del sistema educativo nacional.

La investigadora concluyó que en éstos es posible apreciar la continuidad o los cambios de la cultura escolar, los sistemas de enseñanza de las operaciones matemáticas y la geometría; además, son la evidencia que usaba el maestro para evaluar a los niños. En suma, son tesoros que aunque casi siempre se pierden, aportan mucha información al investigador.