Comunicado de prensa 012/2008

LA DECLARACIÓN DE PARÍS, ACUERDO FUNDAMENTAL DE LA OCDE EN EL CONTEXTO MUNDIAL

La doctora Blanca Heredia participó en la segunda sesión del Diplomado "La Inserción de México en la Globalización".

Toluca, Estado de México, 10 de abril de 2008.

comunicado12-2008La Declaración de París, que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) promovió en el año 2005, marcará una diferencia en el impacto de la asistencia para el desarrollo internacional, ya que establece 56 compromisos organizados en cinco principios: propiedad, alineación, armonización, manejo de resultados, y responsabilidad mutua, además de que crea mecanismos más fuertes para la responsabilidad de los países.

La doctora Blanca Heredia, directora de la oficina en México para América Latina de este organismo internacional, participó en la segunda sesión del diplomado "La Inserción de México en la Globalización" organizado por El Colegio Mexiquense, A. C, y mencionó que este organismo internacional cuyo secretario general es el mexicano José Angel Gurría, ha logrado superar la larga discusión de sus integrantes para abrirse a nuevos países, lo cual redundará en su posicionamiento mundial.

La OCDE agrupa los 30 países que tienen las economías más fuertes del mundo, pero ha comenzado un proceso para incorporar a otras naciones que cuentan con fuertes economías emergentes. En 2007 Chile, Estonia, Lituania, Rusia e Israel iniciaron su proceso de incorporación, en tanto que con China, India, Brasil, Sudáfrica e Indonesia se inició un programa denominado de cooperación reforzada. Ello obedece a la necesidad de que el organismo se adapte a las grandes transformaciones y evitar que en las próximas décadas pierda la relevancia y el peso que tiene hoy en el concierto internacional.

En su disertación La cooperación internacional para el desarrollo, la doctora Heredia explicó que la misión de la OCDE es apoyar el desarrollo económico sustentable, el empleo y mejorar los niveles de vida de los habitantes de sus países miembros, manteniendo la estabilidad financiera y contribuyendo al desarrollo de la economía mundial.

Esta organización tiene sus antecedentes en la Organización para la Cooperación Europea, que tuvo como finalidad administrar los fondos que Estados Unidos y Canadá destinaron –a través del denominado Plan Marshall- para apoyar la reconstrucción de Europa al concluir la Segunda Guerra Mundial.

Esta primera experiencia de cooperación internacional sentó las bases para la integración de metodologías y mecanismos de apoyo que permitieron a los países del viejo continente superar condiciones de atraso y dejar atrás los rezagos en materia económica y social. Hoy puede afirmarse que este es el único caso en que la asistencia para el desarrollo ha permitido a un país salir adelante.

La Organización para la Cooperación Europea fue el antecedente para integrar una organización que partió del principio fundamental de ponerse de acuerdo los gobiernos de varios países para la distribución de recursos que incentivaron su crecimiento. El compromiso clave fue la transparencia, porque el problema fue la desconfianza de los gobiernos y se necesitaba una metodología común para medir la evolución e indicadores de las distintas economías.

De esta cuestión derivó lo que fue y sigue siendo la espina dorsal de la OCDE: la idea de que el crecimiento económico y la fortaleza de la vida democrática dependen, desde el punto de vista de la cooperación internacional, de mecanismos que permitan a los gobiernos y a las sociedades, contar con instrumentos para compararse y aprender unos de los otros.

Blanca Heredia mencionó, por otra parte, que si bien la OCDE no aporta recursos económicos ni financieros a los países, a diferencia de otros organismos como el Banco Mundial, el Banco Interamericano o el Fondo Monetario Internacional, pone a disposición de los gobiernos información y metodologías técnicamente rigurosas que buscan conducir a la identificación de mejores prácticas en sectores importantes de la vida social y económica.

Al respecto, dijo que la OCDE, de la que México forma parte desde 1994, ha logrado posicionarse y convertirse en una plataforma posible que ordene en parte este proceso, pues sus principales áreas de trabajo son: empleo, educación y bienestar social; economía; desarrollo sostenible y medio ambiente; finanzas; gobernabilidad e innovación, los cuales en naciones como la nuestra constituyen áreas estratégicas que ofrecen grandes retos y oportunidades.