Comunicado de prensa 014/2007

La separación de San Mateo Atenco de Toluca en la época colonial

Ciclo de conferencias Arqueología y etnohistoria de Mesoamérica

Zinacantepec, Estado de México, 12 de junio de 2007.

comunicaco2014-2007

El doctor René García Castro, durante su participación en el ciclo Arqueología y etnohistoria de Mesoamérica.

Los denominados "pueblos de indios" surgieron entre 1521 y 1570, periodo posterior a la caída del imperio Mexica en el cual se estableció el régimen de la encomienda para reagrupar a los diversos señoríos de Mesoamérica, señaló el doctor René García Castro, en el marco del ciclo de conferencias Arqueología y etnohistoria de Mesoamérica, organizado por el Seminario sobre Historia Mexicana e Historia del Estado de México, de El Colegio Mexiquense, A. C.

El profesor - investigador de la Facultad de Humanidades, de la Universidad Autónoma del Estado de México, señaló que con el tiempo los pueblos de indios lograron constituirse como una unidad jurídica y política y obtuvieron ciertas prerrogativas entre las que destacaron el derecho a autogobernarse, poseer tierras y una economía propias y ser reconocidos por los gobiernos novohispanos, pues en muchos casos, los virreyes otorgaron mercedes, cédulas u otros documentos válidos, mediante los cuales reconocían la posesión de la tierra a favor de esos pueblos.

Así las cosas, añadió, en muchos casos tal situación fue motivo de conflicto al interior de los pueblos de indios, ya que la creación de cabeceras en tanto lugares que hacían las funciones de capital y lugar de residencia del gobernador y el cabildo de indios, sitio de concentración de la tasación tributaria y la caja de comunidad, generó la inconformidad de distintas localidades.

En este sentido, García Castro destacó el litigio emprendido por San Mateo Atenco, cuyos habitantes descendían de los grupos nahuas llegados al Valle de Toluca después de la conquista de Axayácatl para cultivar las tierras ribereñas del Lerma y producir el grano imperial destinado a sostener las huestes mexicas, para separarse de su cabecera, que era Toluca, y del Marquesado del Valle del que formaba parte.

La documentación del proceso que tuvo una duración de casi cien años, se conserva en el Archivo General de Indias y comprende un total de 3 mil 400 fojas. Este caso constituye una de las pocas experiencias jurídicas victoriosas de un pueblo sujeto, que se enfrentó no sólo a su cabecera, sino al hombre más poderoso de América: Hernán Cortés.

En 1639 San Mateo Atenco obtuvo del Consejo de Indias el fallo referente a su separación política del pueblo de Toluca y del Marquesado del Valle, lo que le significó su adscripción definitiva a la jurisdicción realenga y el reconocimiento de su autonomía como un pueblo de indios, con un territorio y gobierno propios. A ello se agregó la ratificación de las sentencias de la Audiencia de México, dictadas en 1575 y 1576, sobre la expulsión del ganado menor, propiedad del marqués de la zona y territorio de Atenco.

Antes de la llegada de los españoles, cuando el imperio mexica conquistó diversos reinos y señoríos, se desarrolló la costumbre de que los gobernantes tenochcas, lejos de destruir a la clases gobernantes locales, crearon una amplia red política, al enviar mujeres de sus familias a casarse con los señores o reyes sometidos durante la guerra. En esos casos, la mujer mexica adquiría la calidad de esposa principal y eso significaba políticamente que su descendencia adquiría primacía en la sucesión local, con lo que a la vuelta de unos pocos años surgían individuos ligados al imperio por linaje y con una sólida lealtad política.

Una vez aliados con los reinos de Texcoco y de Tlacopa, los mexicas conquistaron, a lo largo de 200 años, diversos lugares que se dividieron y recurrieron a este sistema para consolidarse políticamente. De este modo, desde finales del siglo XV y principios del XVI, se crearon redes y sistemas señoriales indígenas articulados al imperio, y este sistema político indígena fue el que conocieron los españoles.

Durante la época colonial, abundó el historiador, existieron 35 pueblos de indios en el Valle de Toluca, en ellos tenían presencia grupos matlatzincas, otomíes, mazahuas, ocuiltecas y nahuas, mismos que bajo el régimen de las encomiendas, tuvieron rasgos jurídicos y políticos propios, es decir, eran una corporación reconocida por las leyes y sancionada por el sistema jurídico colonial. De esta manera, los cinco ejes fundamentales de los pueblos de indios se concentraron en el cacique del pueblo, quien poco a poco fue adquiriendo la función de gobernador y al que los españoles separaron de su condición de noble, el cabildo de indios, integrado por alcaldes y regidores para disminuir las funciones y prerrogativas de los antiguos señores indígenas como la sucesión dinástica, la tasación tributaria, la caja de la comunidad y el llamado coatequitl o reparto forzoso de mano de obra.

Finalmente, García Castro señaló que los españoles, encabezados por Hernán Cortés, se dieron a la tarea de eliminar todas las redes políticas, económicas, militares o matrimoniales tejidas por el imperio tenochca, pero respetaron la autoridad de los señores locales, a quienes denominaron caciques. De este modo, la encomienda generó una jurisdicción específica a la que más tarde fue conocida como pueblo de indios y que comprende un conjunto de gentes que vivían bajo el mando de un cacique, pero con la facilidad de habitar en diversas localidades.