Comunicado de prensa 027/2006

México, en segundo lugar en número de manifestaciones sociales; en Colombia se están transformando los movimientos colectivos

Zinacantepec, Estado de México, 29 de noviembre de 2006.

México ocupa el segundo lugar entre los países latinoamericanos en que las demandas y protestas sociales contra el Estado tienen como temas principales la defensa de los derechos humanos, el incumplimiento de promesas de tipo político, la petición de vivienda y un creciente pronunciamiento en contra de la inequidad.

El primer lugar del subcontinente lo ocupa Brasil y luego de México está Colombia, nación en donde las demandas de los movimientos sociales están dirigidas, por orden de importancia, al Estado, después a los gobiernos locales (municipios) y en tercer lugar a los gobiernos regionales (Departamentos). Además, 15% de los movimientos sociales colombianos son de protesta contra los grupos irregulares (la guerrilla y los paramilitares).

El doctor Mauricio Archiva, investigador de la Universidad de los Andes en Bogotá, Colombia, ofreció en El Colegio Mexiquense, A. C., la conferencia "Movimientos sociales y democracia en Colombia", en la que si bien se concentró en la situación de ese país sudamericano, hizo algunas comparaciones interesantes con otros países, incluido México.

Advirtió de que los movimientos de protesta no necesariamente desembocan en movimientos sociales, dado que la democracia no se agota en el ámbito de los derechos políticos y civiles que se han conquistado, sino que está en construcción.

Relató que en los últimos diez años, en Colombia se ha dado la autonomía de los movimientos sociales, de lo cual son ejemplos las experiencias en el Valle del Cauca, donde el movimiento indígena se contrapone tanto a la guerrilla como a los grupos paramilitares, y ha establecido comunidades de paz y recurrido a la resistencia civil.

Invitado por el Seminario Académico de Población, Cultura y Sociedad, el especialista compartió los resultados de su investigación sobre los movimientos sociales en Colombia entre 1975 y 2005, y explicó que éstos coinciden con los momentos de apertura reformista y se constituyen a partir de un conjunto de acciones sociales–colectivas puntuales, que no necesariamente se vuelven permanentes, pues, precisó, no toda protesta social implica un movimiento social y "no todo lo que se mueve es movimiento social", aunque éste le da visibilidad a los grupos, puntualizó.

La conferencia del doctor Archiva forma parte del ciclo organizado para abordar la relación entre política y movimientos sociales en América Latina. El investigador explicó que en los años 70 y 80, entre los actores principales de los movimientos sociales colombianos estuvieron los asalariados y los pobladores urbanos. En la década de los 90 emergieron nuevos protagonistas, como los campesinos, cuyos movimientos representaron casi 6% del total; los de los estudiantes alcanzaron 16 % y va en aumento la presencia pública de los trabajadores independientes.

Tradicionalmente, las demandas de esos grupos tiene que ver con bienes materiales y servicios públicos, el empleo y la tierra; sin embargo, recientemente esas demandas se han diversificado para incluir los derechos humanos y la inconformidad por el incumplimiento de promesas políticas.

La situación por la que atravesó Colombia después de los años 90 provocó las demandas en contra de la violencia, en el contexto de una democracia precaria y de la aplicación del modelo neoliberal, explicó el investigador, para quien la visibilidad del conflicto clasista tiende a disminuir pero no a desparecer. En el caso de México, la disminución de oportunidades de empleo provoca que el Distrito Federal sea el escenario de la mayor movilización social, opinó.

En las zonas de mayor concentración de la riqueza se da el mayor número de los movimientos sociales, favorecidos por un ambiente cultural que permite percibir la distribución inequitativa del ingreso. En esa situación están Bogotá, Antioquia, Cauca, Santander y Atlántico, en donde se da la concentración demográfica, del poder y de los recursos materiales, además de la presencia de asociaciones organizativas como sindicatos, cooperativas y agrupaciones campesinas, entre otras.

El doctor Archiva destacó, sin embargo, que la disputa derivada de la percepción de la precaria distribución de la riqueza, y manifiesta especialmente en algunas regiones sumidas en los conflictos, busca una salida política en relación con recursos naturales como el petróleo, la palma africana, el oro y el platino (minería), así como la planta de coca. Los movimientos de izquierda que hasta antes de los años 90 consideraban que la insurgencia y la vía armada eran la forma principal de lucha, actualmente ya no se manifiestan por la radicalización revolucionaria, en tanto que los movimientos feministas no recurren a la protesta visible, sino al cabildeo, la negociación y la acción política.