Comunicado de prensa 005/2006

Los viejos y nuevos retos y problemas del país, como la violencia, exigencia y oportunidad para los científicos sociales

*Los jóvenes académicos deben darse oportunidades novedosas de profesionalización

Zinacantepec, Estado de México, 27 de abril de 2006.

México necesita respuestas a los nuevos retos y problemas que plantean a la sociedad la violencia, el narcotráfico, la inseguridad, el deterioro ambiental, la migración y la revolución tecnológica de las telecomunicaciones, y la tarea corresponde a los científicos sociales y a las instituciones de investigación, que deben abrir campos laborales poco explorados como los de la consultoría para los sectores público, privado y social, pues éstos carecen de equipos de expertos que los asesoren en la toma de decisiones.

De esta manera, las tareas de los jóvenes científicos sociales que el país requiere se pueden resumir en formarse disciplinariamente pero con una vocación transdisciplinar; trabajar en núcleos problemáticos, como por ejemplo el que significa el agua; revisar y actualizar las agendas de formación académica y las áreas de oportunidad; fortalecer el rigor científico ante el embate de los fundamentalismos; darse nuevas oportunidades de profesionalización e internacionalizar su actividad, tanto en términos de formación como de investigación.

Tales propuestas surgieron de la conferencia "Los retos de las ciencias sociales en la era de la digitalización", que ofreció el doctor Rafael Loyola Díaz, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, al dar inicio al ciclo "La investigación en México. Retos y perspectivas para los jóvenes", organizado por la Coordinación de Docencia de El Colegio Mexiquense, A. C., como parte de las actividades con que la institución está celebrando su vigésimo aniversario.

De no realizarse cambios profundos y significativos en la formación de los investigadores sociales, advirtió, tanto a éstos como a las instituciones que los forman les puede pasar lo que les sucedió a los ferrocarriles nacionales, que fueron privatizados y dejaron de ser relevantes para el desarrollo del país, sobre todo ante la apertura de universidades extranjeras en México y de su posible incursión en la investigación social.

Hay una competencia internacional que incluye los diversos campos del conocimiento, pero también oportunidades como la obtención de fondos extranjeros, sobre todo europeos, para apoyar proyectos de investigación; además, a la persistencia de viejos problemas sociales se agrega ahora la emergencia de otros que no están siendo estudiados suficientemente y, por lo mismo, no están siendo explicados, como por ejemplo los nuevos movimientos religiosos o el agotamiento de las fuentes tradicionales de energía.

Esos temas de investigación no pueden ser estudiados ya desde las perspectivas particulares de cada una de las ciencias sociales, sino como núcleos problemáticos atendidos por equipos multidisciplinarios que los analicen transdisciplinarmente, y en especial es urgente inculcar la vocación empresarial en los jóvenes para que se autoempleen mediante la integración de consultorías, los que además de dominar el inglés y algún idioma europeo, deben tomar en cuenta ahora al chino o alguna de las variedades del árabe, para tener una formación más completa; asimismo, el financiamiento estatal seguirá disminuyendo, explicó el doctor Loyola Díaz.

En su conferencia, el estudioso presentó un panorama de exigencias tanto para los estudiantes del nivel superior como para las instituciones que los forman, en particular en el campo de las ciencias sociales, pero también ofreció un resumen de las áreas de oportunidad con una lista de problemas sociales que deben ser estudiados y explicados para darles respuesta ante las evidentes limitaciones de los políticos, funcionarios y empresarios para atenderlos.

Aseguró que temas, descubrimientos y logros de las ciencias naturales dan también materia para las ciencias sociales, pues se sabe poco de sus impactos entre las colectividades, en particular los avances en el campo de la biología, pero sin descontar a la informática y las telecomunicaciones, que también afectan los modos de vida de la sociedad, y la aparición de redes que van de lo local a lo internacional, como en el caso de la emigración indígena de Oaxaca, Veracruz y Michoacán a Estados Unidos, sobre la que todavía hace falta saber mucho, o los explosivos niveles de violencia que abarca a la mayor parte del país pero que tiene vínculos con lo que pasa en otras naciones.