Comunicado de prensa 019/2010

FINALIZA EL CICLO DE ARQUEOLOGÍA Y ETNOHISTORIA DE MESOAMÉRICA EN EL COLEGIO MEXIQUENSE, A.C.

Zinacantepec, Estado de México, 28 de junio de 2010.

El doctor Rodrigo Martínez Baracs realizó diversos cuestionamientos, acerca de las concepciones de celebración del bicentenario de la Independencia y de la identidad del mexicano, durante la conferencia que cerró el ciclo Arqueología y etnohistoria de mesoamérica 2010 realizada por El Colegio Mexiquense, A. C. a través del cuerpo académico Historia Mexicana e Historia del Estado de México.

En su participación, Martínez Baracs, doctor en historia y etnohistoria por la Escuela Nacional de Historia y Antropología, se refirió a lo problemático que es el acceso a la historia prehispánica debido a la carencia de fuentes, las lenguas, o las razones ideológico políticas, de modo que se convierte en una período intocable del cual no se puede hablar con entera libertad porque se corre el riesgo de ser considerado antimexicano, antiindígena o políticamente incorrecto.

Mencionó que la existencia de esta etapa se observa como un período en bloque, sin que se pueda hacer una critica de elementos específicos, o bien, abordar la historia sin considerar que existían manifestaciones prehispánicas y no ¾como se considera en un sentido reduccionista¾ que todo se circunscribía al imperio mexica.

Lo anterior, mencionó, es una visión que se instaura con la revolución de Independencia, en el supuesto rescate de una continuidad perdida entre el México prehispánico y el independiente, donde el período colonial se establece como ilegítimo de la historia de México.

Martínez Baracs mencionó que hay un rescate más mítico que histórico del período prehispánico, aun cuando los historiadores conservadores reaccionaron ante esta concepción, tal es el caso Joaquín García Icazbalceta y José Fernández Ramírez, quienes consideraron que los grandes fundadores de la patria mexicana no fueron los generales de la revolución de independencia, sino los frailes del siglo XVI, siglo fundador de México para García Icazbalceta.

Al referirse a ellos consideró que supieron dar la visión de que México no es el que nació en la independencia, ni tampoco es sólo el México prehispánico, sino la relación entre éste y lo hispánico, porque, dijo, el mestizaje no es echar los elementos de ambas culturas a una bolsa y mezclarlos, la labor del historiador es hacer historia comprometida con la verdad.

Posteriormente llegó la Revolución Mexicana, donde existió la misma dificultad para aproximarse al pasado prehispánico; los indios que apoyaron a Zapata y Villa, igual que en la Independencia con Hidalgo y Morelos, no fueron precisamente los que triunfaron, sin embargo hubo una especie de fundación mítica indígena que ha tenido efectos en la labor historiográfica y en la visión que se transmite al pueblo mexicano a através de la televisión y los medios masivos.

El predominio de la visión maniquea, producto de le Revolución Mexicana, y acciones actuales como la llegada del PAN al poder, resultan interesantes desde el punto de vista historiográfico, ya que aunque se sabe que no les interesa la historia y la cultura, es claro que no ha habido una visión que sustituya la que existe de la historiografía revolucionaria, lo que pone a los historiadores frente a una tarea que implica entregar al pueblo mexicano una visión del pasado a la altura de sus expectativas.

Mencionó que la frase “200 años de ser orgullosamente mexicanos” parece excluir al período colonial y al prehispánico de la historia de México y si se quiere saber qué es México, se debe comenzar por estos períodos para entender las raíces de los problemas actuales y entender asimismo la Independencia y la Revolución.

La revolución de la Conquista fue un cambio tan radical que es el momento que permite comprender las revoluciones (no entendiendo sólo como éstas a las armadas) que han venido sucediendo desde entonces, como dice Enrique Semo: el ciclo de las revoluciones burguesas. Las revoluciones profundas, consideró, son las que implican cambios profundos tal como la domesticación del maíz.

Habló de las diferencias temporales entre el nuevo y el viejo mundo respecto a los procesos civilizadores y uso de la tecnología, así como de las formas de vida, específicamente de los sacrificios humanos, en el México prehispánico.

Posteriormente se refirió a los indígenas actuales y a los mestizos campesinos, quienes se están quedando sin una base de sustento, lo que implica una pérdida económica y cultural tremenda. Dijo que historiadores como Paco de la Maza y Florescano descubrieron cómo al nacer el nacionalismo mexicano de los criollos guadalupanos del siglo XVII, se rescató el pasado prehispánico ¾mexica¾ y se despreció a los indios vivos, una actitud que siguió presente en el siglo XIX y XX, y que modificaron temporalmente los neozapatistas, no obstante, no se ha logrado resolver el problema.

En entrevista mencionó que se debe estar atento a los indígenas en la actualidad, ya que en este momento de transformaciones sus tradiciones pueden disolverse; agregó que no se debe convertir a los indígenas en piezas de museo, sino mantener las condiciones políticas, económicas y culturales para su existencia, porque si ellos se quedan sin pueblos que tengan viabilidad económica, desaparecería la tremenda riqueza que aportan a México.

Lo único que puede salvar al país, dijo, es remover la miseria económica y cultural a través de la educación, pues sólo formando a las personas se tomará conciencia de los problemas, habrá una democracia de gente pensante y se resolverán los grandes problemas de este país.