Comunicado de prensa 022/2004

Negociar en materia agrícola sólo es posible de manera multilateral; México debe mantener apoyos a algunos sectores

Toluca, Estado de México, 2 de septiembre de 2004.

Desde la perspectiva de México, la agricultura es el tema principal a negociar multilateralmente, pues ninguna de las negociaciones bilaterales entre países ha culminado en una reforma de fondo, y la agricultura mundial sufre profundas distorsiones por los enormes subsidios que destinan los países más grandes a sus productores.

Esta situación tiene que cambiar y es el tema central para los países en vías de desarrollo, para los que resulta inadmisible no poder participar cabalmente en el comercio agrícola, en que la competitividad está definida por las fuerzas de las tesorerías de las naciones, afirmó el presidente designado de la Comisión Federal de Competencia, Eduardo Pérez Motta, quien hasta el lunes pasado fue el embajador de México ante la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Invitado por el Programa Interdisciplinario de Estudios sobre Europa de El Colegio Mexiquense, A. C., a dictar la conferencia "Significado y alcance de una nueva ronda de negociaciones comerciales multilaterales de la OMC: sus implicaciones para México", el embajador Pérez Motta cumplió con su compromiso a pesar de la designación que hizo en su persona el presidente Vicente Fox hace sólo tres días.

Además de la agricultura, los temas que deben negociarse de manera multilateral son los de los de prácticas comerciales internacionales desleales, como el antidumping y los subsidios, señaló. Estados Unidos es "el principal pecador" en ese sentido, por ser el más reacio a modificar su legislación en la materia, lo que no hará en una negociación bilateral, ya que "se requieren otros jugadores", apuntó.

"Así como en agricultura tienen que estar los grandes exportadores (Australia, Nueva Zelandia, Brasil, Argentina y Sudáfrica), se debe incluir a los grandes 'pecadores' -la Unión Europea, Estados Unidos, Japón, Corea, Suiza, Noruega (el que más subsidia su agricultura en términos relativos a nivel mundial), Islandia y Lichstentein- para que la negociación pueda darse; bilateralmente, no se logrará nada", aseguró.

Sin embargo, aceptó que México debe seguir dando apoyos a algunos sectores del campo, aprovechar su estabilidad económica como un instrumento, avanzar de manera decidida en competitividad y tener una actitud más agresiva para beneficiarse de las posibilidades comerciales que ofrece la República Popular China.

Informó que de la misma manera se debe reformar el sistema de solución de diferencias de la OMC, que es la "joya de la corona" de la institución, y ello debe hacerse multilateralmente, aunque sea una negociación muy compleja al involucrar a los 147 países que cuentan en el comercio exterior, salvo Rusia, que ya está en proceso de adhesión, pues China ingresó en noviembre de 2001 cuando se inició la ronda de Doja.

Pérez Motta habló en extenso de la ronda actual de negociaciones multilaterales de la OMC, la que se inició en Doja, Katar, en noviembre de 2001; tuvo grandes "jaloneos" para iniciar, dijo, pero el mandato que se realizó por los países participantes es ambicioso y positivo para México y otros países en vías de desarrollo.

Dicho mandato incorpora todos los temas que debe haber en una negociación, desde el agrícola hasta los servicios y el acceso a los mercados industriales, y reglas (que incluyen antidumping, impuestos compensatorios y la legislación sobre los acuerdos comerciales regionales).

El embajador afirmó que el comercio no es el origen de todos los males del país como tampoco lo será de todas las soluciones; pidió aprovechar al estabilidad económica de México y, previamente, aceptó que la agenda sobrecargada con que la OMC llegó a la reunión de Cancún el año pasado hizo que ésta fuera difícil y que no se alcanzaran los acuerdos del mandato de Doja.

No fue hasta el 1 de agosto de este año que se logró cerrar un paquete que incorporó muchas de aquellas decisiones. La reunión de Cancún fue útil porque dio oportunidad de que la realidad de la negociación es bastante más compleja de lo que se imaginaba y que para reformar el sector agrícola requiere que los países más grandes tomen compromisos y asuman costos políticos importantes.