Comunicado de prensa 024/2003

Conocer la historia de la educación, más importante para los docentes que muchos cursos de pedagogía

Toluca, Estado de México, 15 de abril de 2003.

La historia de la educación es más importante que muchos cursos de pedagogía para los maestros, pues permite que el docente reflexione sobre las formas de transmitir el conocimiento, y por ello debe ser tomada en cuenta en los cursos de formación magisterial, afirmó María Esther Aguirre Lora, investigadora del Centro de Estudios sobre la Universidad de la UNAM.

Conocer la historia de la educación permite comprender como verdad elemental que el problema de la educación humana no se resuelve de un día para otro, ni data de la última reforma educativa del sexenio anterior, advirtió la estudiosa durante la conferencia que impartió en el Museo-taller Nishizawa, como parte del diplomado «Historia de la educación del Estado de México» que ofrece El Colegio Mexiquense, A. C., en el que participan más de treinta alumnos, la mayoría profesores en activo.

Experta en el tema y traductora de diversos historiadores italianos, Aguirre Lora se inclinó por relativizar las aportaciones modernas en el campo educativo en relación con las tradicionales, y señaló que la historia necesaria para la educación es la que es indispensable para vivir y actuar, y no la que responde a la curiosidad, la erudición o el adorno intelectual.

La historia aplicada a estudiar el devenir educativo devela la complejidad de la vida, porque es un proceso de entendimiento del ser humano y conduce a una ampliación de su conciencia, la cual es su gran aportación, pues permite acercarse a los trabajos de los protagonistas del hecho educativo, aseguró.

Para Aguirre Lora, el psicoanálisis de la sociedad bien podría ser la historia, pues da una visión retrospectiva de elementos fragmentados, hace hablar donde hay silencios y hace vivir lo que ya está muerto.

Dijo que en sus estudios sobre la educación básica en el siglo XIX ha analizado la forma en que se fue modificando el horario escolar, se lograron mejores espacios y se empezó a usar la palabra «escolares» para referirse a los estudiantes, pero sobre todo, el esfuerzo social y cultural que está detrás del hecho educativo.

Queramos o no, en México hay historia como una construcción en el tiempo, un devenir y una transformación de las prácticas en relación con un cambio social más amplio, enfatizó, y ejemplificó con el término «rezago educativo», que se empezó a emplear en la década de 1940, asociado con lo que no marchaba al ritmo esperado por los saberes letrados y la cultura escrita; antes de esos años, se utilizaban los términos desfase y retraso.

Aguirre Lora -quien estuvo acompañada de Elvia Montes de Oca Navas, coordinadora del diplomado, y Margarita García Luna, directora del museo- explicó que la riqueza del recuento de las prácticas educativas está en considerar las aportaciones de la gente común y corriente, ya que en los medios académicos se subestima generalmente esa participación, a la vez que hizo una defensa del trabajo de traducción, cuya importancia no se valora adecuadamente todavía.

La investigadora explicó que los estudios sobre la educación tienen como limitación los enfoques que proceden de las exigencias de la práctica docente, aunque ciertamente los profesores afrontan una realidad demandante, muchas veces se exageran el tecnicismo y las respuestas rápidas, como si se tratara de elaborar recetas a partir de las cuales se dé solución a los problemas y se hagan programas, evaluaciones y reformas, lo cual disminuye la reflexión profunda en torno al quehacer educativo.

Otro aspecto relevante, sostuvo, es que el campo educativo está atravesado por una carga de discursos complejos fuertemente abstractos que pueden llegar a ser especulativos y parecen no aterrizar jamás, lo cual podría presentarse como falta de iluminación de la compleja realidad educativa, y de ahí la necesidad de conjuntar las perspectivas de reflexión con un referente empírico significativo.